Cuando el trabajador no cobra

23 SEP 2013 – 00:00 CET11

No es la primera vez que una empresa deja de pagar la nómina a sus empleados. Las denuncias por impago ante la inspección de Trabajo se han disparado desde el inicio de la crisis en 2008. Lo insólito fue el comunicado de Panrico, el pasado martes, a sus 4.000 trabajadores de seis fábricas en España: les informaba en siete líneas de la suspensión “temporal” —sin precisar por cuánto tiempo— del pago de las nóminas, y les explicaba que sí seguirá abonando las facturas a los proveedores de harina, huevos o azúcar, para poder seguir produciendo bollería y pan de molde.

Cuando la caja de una empresa se queda vacía, ¿quién va primero a la hora de cobrar: los trabajadores o los proveedores? Sin materia prima no pueden echar a andar las líneas de producción. Pero la compañía también se arriesga a que el malestar de los empleados impagados derive en una huelga que termine parando las máquinas igualmente.

Los abogados laboralistas consultados por este periódico convienen en que no es legal dejar de abonar el sueldo de los empleados, y para ello apelan al Estatuto de los Trabajadores. Sin embargo, no hay ninguna norma que establezca quiénes tienen prevalencia a la hora de cobrar cuando la empresa afronta problemas graves de tesorería. La ley solo fija un orden preciso de cobros cuando una sociedad está en concurso de acreedores. Y no es el caso en estas empresas.

Panrico lleva desde 2006 en crisis. Acumula cuatro ejercicios de pérdidas (700 millones de euros en total) y varios ajustes de plantilla y rebajas salariales. Desde junio del año pasado pertenece en un 100% al fondo norteamericano Oaktree. La decisión de no abonar los salarios se produjo apenas 72 horas después del relevo del consejero delegado de la compañía. Joan Casaponsa presentó el día 12 un plan de viabilidad. El lunes 16 la compañía anunció su relevo por Carlos Gila. El martes, el nuevo ejecutivo daba la noticia a los empleados. La empresa no hace declaraciones, pero tiene sobre la mesa un plan de reducción de costes de 50 millones de euros.

Los trabajadores se debaten entre la inquietud de saber que no cobrarán, la indignación por lo que consideran una nula voluntad de diálogo por parte de la dirección de la empresa y el reconocimiento explícito de que esta atraviesa serias dificultades desde hace tiempo.

“Si no nos dan respuesta nos movilizaremos, pero está claro que sin materia prima no podemos producir. Y si no producimos tampoco hay ingresos”, lamenta el presidente del comité intercentros de Panrico en Cataluña, Leonardo Rodríguez (UGT). “No nos negamos a que cobren los proveedores, ellos también tienen trabajadores, y entendemos que tenemos que ser flexibles, pero todo tiene un límite”, añade.

Los expertos en derecho laboral expresan matices. José Luis Condado, abogado del Colectivo Ronda, recuerda que “cobrar el sueldo es un derecho básico, incluso preferente en caso de concurso de acreedores por encima de los créditos ordinarios, como son los proveedores”.

Según Condado, “la suspensión de Panrico no tiene ningún apoyo legal, pero es fruto de la política de hechos consumados del momento, en el que los trabajadores son el eslabón más débil: no pagando la empresa se financia a coste cero, saben que habrá una sanción de inspección, pero mientras resuelven un problema”, explica.

Respecto a la situación en la que quedan los empleados, el experto explica que poco pueden hacer: “Si no les deben tres nóminas no pueden emprender acciones legales que den respuesta a su situación. A partir de tres meses podrían solicitar la extinción del contrato y pedir indemnización como despido improcedente (45 días) y reclamar

El también abogado Alex Valls, socio responsable del departamento laboral del despacho Baker & McKenzie, apunta que pese a la ilegalidad que supone no pagar, el Estatuto de los Trabajadores no establece un orden de pago y “el empresario puede decidir libremente a quién paga antes, si a los trabajadores o a los proveedores, y atenerse después a las consecuencias”. Puede ser objeto de sanciones o encontrarse con que le reclamen las nóminas con un interés añadido del 10%. “Pero los proveedores pueden haber dicho: si no me pagas no te sirvo, si no te sirvo no hay líneas y si no hay líneas, ¿qué hacen los trabajadores?”.

¿Hay alternativas a una medida tan drástica? ¿No hay otras partidas donde ahorrar? Sí, pero en el caso de Panrico ya se han aplicado desde hace tres años y la caja ha llegado al límite. Cuando hay un deterioro de tesorería —por una caída de ventas o porque han caído los márgenes, y en Panrico se han dado ambas circunstancias— y los costes son superiores a los ingresos, las empresas pueden cerrar plantas de producción, desinvertir vendiendo partes del negocio o aplicar recortes de gasto. Sobre todo, gastos laborales. Lo explica el socio responsable de Restructuring de EY (Ernst&Young), Remigio Barroso. Pero Panrico “ya ha explorado muchas de las iniciativas que las compañías toman antes de una medida tan drástica: ha cerrado plantas, se vendió Artiach, ha despedido y ha bajado sueldos”.

Llegados a este punto, no queda otra alternativa que intervenir en el día a día: o dejas de pagar a proveedores o dejas de pagar a los empleados, indica Barroso. El experto subraya además la importancia de que en estas situaciones las empresas recurran “a la transparencia [enseñar los números a los comités de empresa], al diálogo y a las soluciones consensuadas con la plantilla, y busquen además la complicidad de los proveedores, que también están interesados en la viabilidad de las empresas”. Una medida que resulta más fácil de aplicar en las miles de pequeñas y medianas empresas que están pasando apuros en estos momentos que en una firma tan grande como Panrico.

El profesor de Dirección Estratégica del IESE y experto en gran consumo, Jaume Llopis, entiende que el nuevo ejecutivo de Panrico ha optado por “tener contentos a los proveedores y asegurarse de que le sirvan para poder seguir produciendo, y que tener un problema laboral en una situación tan límite le importa menos”.

Los expertos reconocen que el caso de Panrico no es, ni mucho menos, único. Condado, del colectivo Ronda, explica que a su despacho llegan constantemente casos de trabajadores desesperados porque han dejado de abonarles el salario. “Les van pagando pequeñas cantidades cada dos meses y pico, antes de que se cumplan los tres meses que permiten que el trabajador denuncie”. “Lo de ahora, hacer trabajar a la gente y no pagarles, es lo nunca visto”, asegura.

La cuestión es compleja, porque los impagos también afectan a las empresas proveedoras. En el sector privado el plazo medio de cobro está en 93 días, según el informe 2012 de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad. Un plazo cinco días más ágil que el año anterior, pero que todavía está lejos de los 75 días que fija la ley.

“El de la morosidad es un círculo vicioso”, suele decir el presidente de la plataforma, Antoni Cañete. Y al final, siempre hay personas: tanto si son trabajadores de una línea que para máquinas porque no hay harina, como los de la empresa de harina si quien se la compra deja de pagar.

“No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros”

“No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros”

El exministro conservador francés, que acaba de visitar España, cree que se debe acabar con los excesos de esos “banqueros irresponsables que pensaron que tenían todos los derechos”

Michel Barnier, comisario de Mercado Interior y Servicios. / Francois Lenoir (Reuters)

El comisario europeo de Mercado Interior y Servicios, Michel Barnier (La Tronche, Francia, 1951), llegó al cargo en 2010 con el propósito de poner orden el mundo financiero y acabar con los excesos de esos “banqueros irresponsables que pensaron que tenían todos los derechos” y propiciaron la crisis. El exministro conservador francés acaba de visitar España para dar a conocer su labor, crear una legislación financiera en Europa que evite los abusos del pasado a través de 28 nuevas leyes.

Pregunta. El Parlamento Europeo ha aprobado su propuesta para crear un mecanismo de supervisión único para los bancos de la zona euro. Para usted es el “gran paso hacia la unión bancaria”. ¿Por qué es tan importante?

Respuesta. Entre los 18 países de la zona euro existe una mayor interdependencia, un mayor riesgo sistémico que en los demás países de la UE debido a la moneda única. También hay una relación más fuerte y peligrosa entre los bancos y la deuda soberana. Por ello, hemos decidido supervisar las entidades y gestionar las dificultades juntos. Para asegurar la estabilidad del sistema bancario, la primera parte es esta supervisión común que será llevada a cabo por el Banco Central Europeo. Y la segunda será el mecanismo de resolución único, que debe permitir a la UE liquidar de forma ordenada las entidades con problemas, para limitar los riesgos y conseguir que esta vez sean los bancos, y no los contribuyentes, los que paguen por sus errores.

P. Un grupo de países encabezados por Alemania han rechazado su propuesta para que la Comisión Europea sea la responsable, en última instancia, de decidir qué hacer con esos bancos en dificultades. ¿Esperaba ese rechazo?

R. Algunas modalidades de la propuesta sobre el mecanismo de resolución europeo plantean dudas. Por tanto, no me ha sorprendido el debate. Lo importante es que el sistema funcione. Yo propongo una autoridad de resolución europea; no trato de aumentar el poder de la Comisión. También es primordial que haya un fondo europeo de garantía financiado por los bancos europeos en ese mecanismo. En cuanto a la toma de decisión, es necesario que alguien lo haga, lo cual no ocurrió en las crisis pasadas, cuando solo se sentaron autoridades nacionales alrededor de la mesa.

P. ¿Cree que votaciones como esa, donde se siguió la voluntad de Alemania, pueden dar la idea de que un grupo de países siempre acaba imponiendo sus intereses a los del resto de la UE?

R. No hay que dramatizar este asunto. Tuvimos el mismo debate en 2012 cuando presenté la propuesta sobre el mecanismo de supervisión, y los ministros lograron un acuerdo. Los países no solo defienden sus intereses, sino también sus ideas, sus dudas. Quiero hallar soluciones que funcionen. Creo que se pueden encontrar compromisos con todos.

P. La Comisión acaba de presentar una propuesta para reforzar el control sobre el líbor y el euribor y castigar su manipulación. Renunció a su idea original de trasladar al ámbito comunitario la supervisión directa de estos índices, ¿será un problema?

R. Este es un asunto que afecta a la gente. En España hay 18 millones de contratos hipotecarios que dependen de estos índices. No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros. He aportado dos respuestas. Una represiva: se impondrán sanciones, incluidas sanciones penales, a quienes manipulen estos tipos. Y otra centrada en la supervisión de los organismos que los elaboran, que se hará con los nuevos criterios europeos. Por lo demás, el centro de gravedad del libor está en Londres, y el del euribor, en Bruselas. Así que no hay problema. Confío en los organismos de supervisión británicos y belgas.

P. ¿Cree que hoy podría haber una crisis como la del 2008?

R. Las regulaciones del sector financiero están entrando en vigor en estos momentos. El objetivo es volver a poner a los bancos al servicio de la economía real. Sabemos que siguen pagándose bonus insensatos, que se siguen vendiendo productos tóxicos, pero creo que la gente lleva más cuidado. Muchos actores de los mercados han anticipado estas leyes. Así que puede haber una crisis, pero no por los mismos motivos, sino porque siguen existiendo riesgos relacionados con determinadas burbujas. Dicho esto, todavía hay que trabajar en la consolidación de las entidades. He propuesto 28 leyes y gran parte de ellas siguen estando en trámite legislativo. Ahora hay que aplicarlas.

P. Da la impresión de que se ha avanzado en la regulación del sistema financiero, cuyos excesos detonaron la crisis. Sin embargo, parece que han dejado de lado sus consecuencias: el paro, un crecimiento anémico, etc. ¿Qué pueden hacer para luchar contra esto?

R. Las dificultades insoportables que viven tantas familias son consecuencia de varias crisis: una financiera que llegó de Estados Unidos y fue provocada por el comportamiento amoral y escandaloso de banqueros y la desregulación del sector; y una crisis de la deuda que fue culpa nuestra. Tratamos de solucionar todo esto, un poco entre la espada y la pared. La regulación está casi hecha, los países sobreendeudados como España, que amenazaban con lastrar a las generaciones futuras, han entendido que tenían que ajustar sus cuentas y gestionar mejor el dinero público. Ha llegado la hora de incidir en la educación, la investigación y la inversión. La prioridad ya es luchar por el empleo y el crecimiento. Pero la regulación era necesaria. No se puede pedir a las empresas que inviertan, ni crecer sobre bases arenosas. También se ha entendido mejor en Bruselas que hay que diferenciar los esfuerzos entre países, algo que llevo tiempo defendiendo. Hay que acabar con el fetichismo de los números, la austeridad no debe matar el crecimiento. Se deben preservar algunos gastos como los de educación e investigación.

P. Hablaba esta mañana de un motivo de preocupación para usted: la pérdida de influencia de Europa en el mundo. Según algunas estimaciones, de aquí a 2050, no habrá ningún país europeo en el G-8. ¿Cómo se puede remediar?

R. No se trata de tener influencia por placer. El mundo es multipolar, con países que no necesitan a nadie: China, Estados Unidos, Brasil, India, etc., porque son Estados-continentes. Ellos deciden del orden o del desorden de todos en el G-20 y en otros sitios. Debemos estar allí, y ningún país europeo puede estar allí por sí solo. Tiene que ser la UE. ¿Cómo se consigue estar allí? Gracias al mercado único, que es nuestra principal ventaja. Hay que mejorarlo mediante políticas comunes para la industria, el comercio, la competencia, la agricultura. Creo que llegó la hora para Europa de que haya menos reglamentación y más políticas.

P. Usted dijo: “No acepto que Europa sea una tierra que se conforma con consumir lo que se produce en EE UU y China”. ¿Dejar de lado a la industria ha empeorado la crisis en Europa?

R. Sí. Los países que han conservado su industria tienen menos deudas. Los países nórdicos, Alemania. Porque uno ahorra más cuando produce en vez de tener que comprar. No acepto la idea de que solo seamos una tierra de servicios. No puedo aceptar que dependamos de EE UU y China en las tecnologías claves: biotecnologías, nanotecnologías, energías renovables, etc. No se trata de defenderse con proteccionismo, sino con inversión, movilizando juntos los institutos de investigación, los créditos públicos o privados en los sectores estratégicos. Creo que el próximo desafío de la Comisión será la elaboración de una política industrial europea

“El actual sistema económico nos lleva a la tragedia”

El Papa: “El actual sistema económico nos está llevando a la tragedia”

El Papa, a su llegada a Cagliari. / ALBERTO PIZZOLI (AFP)

La novedad del papa Francisco no es tanto lo que dice como lo que escucha. La primera decisión de Bergoglio tras ser elegido Papa fue la de no encerrarse en el Vaticano, no solo para llegar a la gente, sino, sobre todo, para que la gente llegara a él. Y también lo primero que hizo ayer al llegar a Cagliari, la capital de Cerdeña, no fue soltar una monserga al uso, sino escuchar con visible atención las quejas de tres de las víctimas de la crisis, un parado, un pastor y una empresaria. El parado le dijo: “La falta de trabajo debilita el espíritu y provoca miedo y desconfianza en el futuro. No nos deje solos”. Y, como respuesta, el Papa guardó el discurso que traía escrito e improvisó un vehemente alegato en contra del modelo económico: “El actual sistema económico nos está llevando a la tragedia. Los ídolos del dinero nos están robando la dignidad”.

El papa Francisco tiene miedo de que sus palabras suenen huecas, impostadas, y así lo reconoció: “No quiero ser un funcionario de la Iglesia que viene y os da ánimos con palabras vacías, dichas con una sonrisa. Perdonad si estas palabras son un poco fuertes, pero digo la verdad: la falta de trabajo te lleva a sentirte sin dignidad. ¡Donde no hay trabajo no hay dignidad! Y esta tragedia es la consecuencia de un sistema económico que ha puesto en el centro a un ídolo que se llama dinero”.

Ya para entonces, el Papa había arrancado aplausos y lágrimas a las decenas de miles de personas que abarrotaban las inmediaciones de la basílica de la Virgen de Bonaria —advocación que dio nombre a la ciudad de Buenos Aires— hablándoles del sufrimiento de sus padres al llegar a Argentina: “Me siento muy cercano a los que atraviesan una situación de sufrimiento, a tantos jóvenes sin trabajo, a las personas apuntadas al desempleo o con trabajos precarios, a los empresarios y comerciantes que tienen que hacer muchos esfuerzos para salir adelante. Es una realidad que conozco bien porque vengo de Argentina. Mi padre, de joven, se fue a Argentina lleno de ilusiones por buscar un futuro en América. Y sufrió la terrible crisis de los años treinta. ¡Perdió todo! ¡No había trabajo! Sé que debo hacer todo lo posible para que la palabra ánimo sea una bella palabra dicha de pasada. Quiero que este encuentro me empuje a hacer todo lo posible como pastor y como hombre”.

Y como pastor de la Iglesia y como hombre que en estos momentos lleva tras de sí toda la atención mediática mundial, Bergoglio lanzó una andanada a los líderes políticos y económicos: “El actual sistema económico nos está llevando a una tragedia. Vivimos las consecuencias de una decisión mundial, de un sistema económico que tiene en el centro a un ídolo que se llama dinero. Pero Dios ha querido que en el centro estén el hombre y la mujer y que lleven adelante el mundo con su trabajo. ¡Pero aquí manda el dinero! Y caen los ancianos, porque en este mundo no hay un puesto para ellos. Se trata de una eutanasia escondida: no los cuidamos, no los tenemos en cuenta…”.

El Papa, que el pasado mes de julio eligió la isla de Lampedusa como su primer viaje en Italia y arremetió contra “la globalización de la indiferencia” ante el drama de la inmigración, ha elegido otra isla, Cerdeña, como su segundo viaje hacia la periferia, esta vez hacia la periferia del desempleo y la desesperanza. Al final de su encuentro con los representantes del mundo del trabajo —o de la falta de él—, Francisco improvisó una oración que era también una queja y una exigencia a un Cristo al que nunca le faltó el jornal: “¡Señor, míranos! Mira esta ciudad, esta isla. Mira nuestras familias. Señor, a ti nunca te faltó el trabajo, eras carpintero, eras feliz. Señor, nos falta el trabajo. Los ídolos quieren robarnos la dignidad. Los sistemas injustos quieren robarnos la esperanza. Señor, no nos dejes solos. Ayúdanos a ayudarnos entre nosotros, a olvidar el egoísmo. Señor Jesús, a ti no te faltó el trabajo, enséñanos a luchar por el trabajo”.

Bergoglio también tuvo un encuentro con el mundo de la cultura, durante el cual pidió tener en cuenta a las nuevas generaciones de políticos, y una reunión en la catedral con un grupo de 27 detenidos y 132 personas en situación de pobreza. El Papa que escucha les demostró que tiene calados a quienes utilizan la caridad como un negocio: “A veces también se encuentra la arrogancia en el servicio a los pobres. Algunos hacen alardes, se les llena la boca con los pobres… Sé que esto es humano, pero no está bien. Mejor harían con quedarse en casa”

“Las empresas egoístas son muchísimas en Latinoamérica”

Parte de una entrevista a Bernardo Kliksberg, economista y sociólogo argentino, reconocido en el mundo como uno de los padres de la gerencia social y la ética para el desarrollo. Autor del muy vendido libro Primero la gente, en coautoría con el Nobel de economía indio Amartya Sen, recientemente publicó su 56° obra: Ética para empresarios. Es asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nueva York y preside el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Las empresas egoístas son muchísimas en Latinoamérica”

Por: Alejandro Rebossio         | 04 de          septiembre de         2013

 

Pregunta. ¿Cómo ve la economía de su país, Argentina?

Respuesta. Mi mirada siempre es contextual. Con mucha frecuencia se abstrae la situación de Argentina del contexto internacional. Los argentinos de todos los sectores tienen la tendencia a creer que todo es local. El 22 de agosto hablé en el salón de actos (de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA) para unas 1.500 personas y mi observación central fue: “Recuperemos la mirada contextual. Si no, no vamos a ningún lado”. Visto desde ese punto de vista, tenemos la economía mundial en crisis, no se salió de la crisis de Wall Street de 2008 y 2009, Europa con crecimiento negativo y EE UU que no crece más del 2%, y entre los dos son más del 50% del PIB mundial. Eso tiene significados para Argentina y todos los demás países. Significa menos inversiones, los principales mercados mundiales achicados, menos remesas migratorias. Las remesas han sido de lo más positivo que ha pasado en la historia reciente porque es la solidaridad de los pobres con los pobres en escala gigantesca. Es la principal fuente de ingresos de…

P. De varios países de América Latina.

R. De muchos. Representan del 10% al 20% del PIB de la mayoría de los países centroamericanos. Es la segunda fuente de divisas de México. Pero las remesas en México han bajado significativamente. La economía mundial está generando todos estos efectos. América Latina está mejor protegida que nunca frente a esto. Si esto hubiera ocurrido en la época de (Carlos) Menem (presidente argentino entre 1989 y 1999) o de (Carlos) Salinas (de Gortari, presidente mexicano entre 1988 y 1994) y los demás modelos neoliberales, la explosión de pobreza hubiera sido incontenible. Hoy hay políticas sociales activas, la inversión social se ha triplicado respecto de los años 90. Hay énfasis en las pymes, en las que yo creo fervientemente. Hay industria nacional. Todo eso amortigua el impacto internacional. Hay un contexto totalmente desfavorable. No veo para nada un viento de cola. Además, la desigualdad se ha multinacionalizado. Quizá el primero que lo advirtió fue Juan Pablo II, que hablaba de la globalización de la injusticia. Ahora lo está retomando el papa Francisco, que habla del capitalismo salvaje. Un informe del G20 dice que gran parte de las transnacionales ha encontrado dentro de la ley la manera de reducir su participación en la recaudación tributaria al mínimo histórico. El informe explica que lo hacen a través de manejos contables, los precios de transferencia, que llevan a que todos los costos sean declarados en los países donde tienen sus mercados mayores y que las utilidades sean declaradas en los paraísos fiscales. La conclusión es que si no se defienden los países desarrollados, sufren un proceso de desfinanciamiento y traslado masivo de la carga fiscal de los que ganan más a los que ganan menos…

P. Es un tema que en América Latina ni se debate.

R. Así es. Es una de las insuficiencias de la agenda. Hay que crear una nueva legislación para el mundo de las multinacionales, según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Las multinacionales están explotando a fondo algo que parecía de la Revolución Industrial, que es la mano de obra en condiciones de trabajo esclavo, como dice a cada rato el papa Francisco. Lo de Bangladesh: que hayan muerto 1.121 chicas que no debían haber muerto, porque se sabía que el edificio se caía a pedazos, es el mayor sacrificio de vidas en la historia de la industria textil. Estas chicas recibían 38 dólares por mes. Son cinco millones de personas que trabajan en Bangladesh, segundo productor mundial textil, en 5.000 empresas, mientras que las utilidades de las transnacionales de ropa son las mayores de la historia.

P. ¿Y Argentina?

R. América Latina forma parte de este mundo donde las desigualdades aumentan, donde el 1% más rico está siendo muy cuestionado por la opinión pública, desde el papa Francisco hasta los indignados de Wall Street. Y Argentina forma parte de ese contexto. Lo del 1% vale para Argentina en sí. Ese 1% forma parte de la transnacionalización de la economía. Argentina ha mejorado su coeficiente Gini (de desigualdad), pero hay muchísimo para mejorar hacia adelante. Desde el punto de vista contextual, está sufriendo y va a sufrir los impactos de la retracción mundial. Hay un pronóstico incierto sobre los escenarios económicos. Tanto el FMI (Fondo Monetario Internacional) como la Unión Europea han rectificado sus cálculos sobre el impacto de la austeridad. La caída del PIB ha sido mucho mayor. Dentro de esas coordenadas, las cifras que a mí más me importan han tenido una mejor significativa en Argentina. Yo no juzgo a los países por quién los gobierna sino por cómo le va a la gente. Entonces no importa quién es el presidente de Costa Rica. Todos los presidentes de Costa Rica mantuvieron la inversión en educación. En Argentina, a finales de los años 90 los niños recibían seis vacunas y ahora, 12. Eso significa que van a tener más salud. En 1999 hubo 42.000 casos de hepatitis A, que puede ser mortal y es una de las 25 enfermedades hídricas, según la OMS (Organización Mundial de la Salud). Tiene que ver mucho con la falta de agua potable y la falta de cloacas. Ha habido una mejora significativa y el año pasado fueron 241 casos. Es decir, en los indicadores Kliksberg, incluido el desempleo, ha habido mejoras significativas en Argentina. ¿Esto basta? Ni de casualidad. Nada. Falta muchísimo. Hay cerca de un 20% de población joven que está fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo. Se ha bajado la deserción en la secundaria, pero sigue siendo muy importante. Es menor que la de México, pero es significativa. El tema de la inseguridad ciudadana se está encarando muy mal. He escrito mucho sobre el tema y algunos presidentes me han escuchado bastante, pero el enfoque sigue siendo totalmente unidimensional en todos los sectores del espectro político. No se lo desagrega. Yo digo: “Desagreguemos”. Hay dos tipos de delitos, para empezar. Uno es de las mafias criminales, la de la droga, la de la complicidad de la policía con grupos criminales, el robo de autos (coches), el tráfico de personas. Otro es el delito joven. Contra las mafias hay que hacer caer todo el peso de la ley. Es la única manera de desarticularlas. Pero el delito joven es algo totalmente distinto. Hay chicos que comienzan cometiendo delitos menores, después delitos mayores y finalmente pueden ser la mano de obra del crimen organizado. Es lo que sucedió en México y Colombia. Los sicarios no lo eran originalmente, empezaron con delitos menores. Normalmente el análisis mezcla las dos cosas y entonces dicen que hay que aplicar la máxima punición a todo el fenómeno de la inseguridad ciudadana. Así no se va a mejorar en lo más mínimo. Yo tengo cifras de 100 países y la evidencia es muy robusta: los países con mejor seguridad ciudadana en el planeta son algunos de los que tienen menos policías, como Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia, que tienen 0,7 policías por cada 100.000 habitantes. Pero tienen inclusión social total de los jóvenes. No hay jóvenes fuera del sistema educativo ni de la salud o sin esperanza de trabajo. Entonces el delito joven no tiene incentivos. En América Latina, cuanta más secundaria completa, menos delito joven. Del total de jóvenes presos en la actualidad argentina, el 5% tiene educación secundaria. Cuanta más familia, baja la tasa de delito joven. La familia no es una cuestión voluntarista. Hay familias que funcionan, articuladas, bajo las distintas formas que hoy en día hay en el mundo, que son tutoriales, no policiales. Pero esas familias no llueven, tienen que ser apoyadas por políticas sociales que las favorezcan y fortalezcan. Hay que proteger a las familias pobres. Además se necesita trabajo. La consideración es que todos los jóvenes pobres que no tienen trabajo son sospechosos en potencia. La sociedad los trata así, con leyes punitorias si limpian vidrios (de los coches), si estacionan (aparcan) carros. Se les quiere prohibir esas formas de marginalidad. O la gente suele cruzar a la vereda (acera) de enfrente cuando ve a alguien pobre con pinta (aspecto) de desocupado. No se ataca a fondo con políticas el problema de cómo incluir al ejército de jóvenes que está fuera del mercado de trabajo, que es el 25% de los latinoamericanos. Yo creo mucho en la articulación de la política pública y el mercado socialmente responsable, no el mercado del capitalismo salvaje. Creo en un Estado orientado hacia la gente y empresas privadas con altos niveles de responsabilidad social. Mientras se aborde la inseguridad ciudadana solo desde la punición, mientras no se trabaje eliminando candidatos al delito porque la sociedad los ha apartado… Los medios tienen una responsabilidad importante en este fenómeno porque han consagrado y legitimado el lenguaje de los ni ni, que sugiere que ni quieren trabajar ni quieren estudiar. No son los ni ni, son los no no. Han sido excluidos de la educación, la salud, el trabajo. Argentina tiene avances significativos en los indicadores Kliksberg, pero insuficientes totalmente. Creo que a nivel general los modelos que hagan heterodoxia económica a favor de la gente han demostrado ser mucho más fecundos que los que practican ortodoxia económica acérrima, sacrificando a la gente en el camino. Los resultados están a la vista.

P. Retomemos la pregunta sobre las debilidades de la economía latinoamericana. ¿Cuáles son?

R. La debilidad mayor es la desigualdad. Porque el coeficiente de Gini sigue siendo el peor de todo el planeta. Ha mejorado sustancialmente gracias a las mejoras de Brasil, Argentina, Uruguay…

P. Pero también países de economía neoliberal han reducido la pobreza…

R. No, no en el sentido de que podrían haberla reducido mucho más que lo que la redujeron. La pobreza de Chile, cuando comenzó (la dictadura de Augusto) Pinochet (1973-1990) era del 20%. Cuando terminó Pinochet era del 40%. Gracias a políticas sociales muy activas porque (Patricio) Aylwin (1990-1994), que es mi amigo personal, tuvo como meta central de su presidencia la reducción de la pobreza, y después fue continuado por (Ricardo) Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010), hubo resultados claros. Pero que la desigualdad sea tan profunda en el sistema educativo significa que no se está reduciendo la desigualdad. El gran motor de reducción de la desigualdad es el sistema educativo. Si hay educación de calidad para todos, entonces las oportunidades son realmente mucho mejores. En educación y salud Chile sigue teniendo insuficiencias importantes de igualdad.

P. ¿Qué otra debilidad observa en la región?

R. Yo confío totalmente en el 99% de la sociedad y no en el 1%, aunque hay actores del 1% como Warren Buffett, que es un héroe del género humano. En mi último libro lo menciono: es el tercer multimillonario del planeta, se dedicó siempre a inversiones en Wall Street, pero a los 82 años donó toda su fortuna completa a la Fundación Gates para combatir las enfermedades de los pobres, como la malaria. En los capítulos del libro, al comienzo hay citas de Buffett, Keynes, Adam Smith. Buffett dice que hay que aumentar dramáticamente los impuestos al 1% más rico, que la desigualdad es el peor problema de nuestra sociedad, que no podemos seguir así. Yo creo que todo depende de que el 99% se organice y América Latina es débil todavía en eso. El porcentaje de sociedad civil organizada ha ido creciendo significativamente, pero falta muchísimo. La sociedad civil debería tener índices más altos de participación, no solo electoral, sino ciudadana, bajo todas las formas posibles. En Noruega el 70% de la población hace trabajo voluntario. Es el país número uno del mundo en todo. ¿Para qué se necesita el trabajo voluntario? Forma parte del credo de vida. La gente ayuda al Estado noruego, que es uno de los más eficientes del planeta, a integrar a los inmigrantes, que llegan permanentemente del norte de África, a superar los problemas de drogadicción de las nuevas generaciones y a lo que fuera. América Latina tiene un potencial fenomenal de voluntariado, emprendedurismo social, participación ciudadana, pero falta muchísimo. Cuanto más se organice el 99%, mayor será la calidad de las políticas públicas.

P. ¿Cómo está la responsabilidad social en Latinoamérica de las grandes empresas extranjeras y locales y de las pymes?

R. Yo generé un modelo que ha tenido repercusión internacional. Cinco Días dice que soy el que más sabe del tema en el mundo, pero no creo que sea así. Hay cinco parámetros Kliksberg para saber si una empresa es responsable o no. Veamos entonces a América Latina confrontada con los cinco parámetros. Número uno: cómo las empresas tratan a su personal. No es solo pagar un sueldo razonable sino también si discriminan o no a las mujeres, cómo es el equilibrio familia/empresa. Son criterios más exigentes. Aquí estamos mal. Las mujeres ganan 30% menos que los hombres, hay un 4% de mujeres en los consejos directivos de las empresas, la mujer que está embarazada es discriminada. Hay excepciones y avances, pero el promedio es muy deficitario. El segundo indicador es si las empresas se preocupan por los consumidores. Productos de buena calidad, saludables, precios razonables. En América Latina las multinacionales del fast food (comida rápida) han logrado cambiar la dieta de una buena parte de la población, junto con sus socios locales. Eso significa en términos muy concretos una epidemia de obesidad infantil. México tiene un 40% de su población infantil obsesa. Esto son muchos menos años de vida, chicos con arteriosclerosis, las coronarias obstruidas porque el fast food, según la OMS, está cargado de grasas ultrasaturadas. En América Latina la preocupación por los consumidores tiene excepciones, pero falta muchísimo. En tercer lugar, medio ambiente. Falta mucho. La agenda de las empresas ha integrado protocolarmente el medio ambiente, pero yo lo quiero ver representado en cifras, que son la única cosa en la que creo. En cuarto lugar, transparencia. Transparencia Internacional siempre se ha dedicado al sector público, pero por primera vez produjo hace pocos meses el primer informe sobre transparencia en el sector privado. Tomás las 120 mayores empresas del planeta y las cifras son terribles. Todo eso genera incentivos a la corrupción. América Latina está igual que todo el planeta. En quinto lugar, algo muy importante, la inversión social. Para mí responsabilidad social no es darle a una escuelita una vez por año unas monedas y publicar después avisos multimillonarios contándolo. La inversión social debe formar parte de las políticas de la empresa, así como produce tal producto, deliberadamente quiere producir valor social. Hay que poner recursos importantes en esto. Se mide qué porcentaje de las ventas ponen las empresas en esto. Empresas como la brasileña Natura, que es la segunda mundial en responsabilidad social, tienen un porcentaje fijo. Entonces no es un capricho. Natura ha ido subiendo ese porcentaje. Pero la empresa privada no solo puede aportar dinero. El dinero es fundamental y en América Latina subaportan totalmente, aportan un porcentaje menor que las empresas en EE UU. Pero las empresas también pueden aportar alta gerencia, tecnologías en Internet, competencias técnicas específicas, aliándose con la política pública, por ejemplo, para bajar la deserción escolar más rápido. Hay un programa muy significativo, el de Telefónica para rescatar niños del trabajo infantil. Lo conozco bastante de cerca. La empresa está poniendo dinero y tecnología. Va a escuelas muy pobres, trata con los chicos de alrededor que no están en la escuela, como los de los basurales de Quito, donde con la política pública trata de que no haya más niños en esos basurales. Los chicos son integrados a la escuela a través de becas y la escuela fue remodelada con tecnología de punta en materia de educación. El programa no va a remediar el trabajo infantil. Se calcula que en América Latina hay 12 millones de chicos trabajando y el programa de Telefónica ayuda a 300.000, pero es valiosísimo porque cada chico, desde el punto de vista ético, hace una diferencia total.

P. ¿Y entonces qué concluye sobre América Latina?

R. En América Latina, a partir de las cinco categorías, hay tres tipos de empresas. Las que yo llamo empresas egoístas, a las que no les importa nada del contexto. Solo les importa maximizar. Hay empresas filantrópicas, que están aportando recursos insuficientes y son una mejora respecto de las egoístas. Y están las empresas que cumplen los cinco parámetros. Las egoístas son muchísimas. Las filantrópicas están aumentando, pero son una minoría. Y las socialmente responsables son muy escasas. Esto no llueve, no es que un decreto va a hacerlo. Esto tiene que ver con cultura corporativa, educación de los gerentes, de los empresarios, con visión de mundo. Tenemos en América Latina quizá uno de los programas más avanzados del mundo en esto. Los principales MBA (siglas en inglés de máster en administración de empresas) de EE UU hicieron un mea culpa feroz después de que algunos de sus egresados produjeran las quiebras de Enron, las de 2008 y 2009 o están actualmente especulando en un mercado financiero que está siendo condenado criminalmente, como hace algunas semanas. Están viendo dónde está el error, el fracaso ético. Nosotros hemos montado en esta facultad, con el decano, Alberto Barbieri, el primer programa que está tratando de formar a todos los egresados, desde contadores (contables) y administradores hasta gerentes que van a ocupar puestos muy importantes en los sectores público y privado. La facultad tiene 80.000 alumnos, es la mayor escuela de economía de América Latina. El programa está dedicado a formar una nueva generación de profesores, multiplicadores, que formen a los jóvenes en economía con rostro humano, gestión con rostro humano, en las ideas de Amartya Sen, mis propias ideas, lo que dice (Joseph) Stiglitz, (Paul) Krugman, lo que hizo Muhammad Yunnus. Empezamos en 2009. Elegí los 100 mejores egresados de los dos años anteriores que al mismo tiempo hubiesen hecho algo por la comunidad, que tuvieran algún interés de servicio público. Ya vamos por los 2.000. Este programa se está dictando en las 26 universidades nacionales de Argentina. Ahora, por pedido de los países vecinos, lo estamos dictando con apoyo de la CAF (Corporación Andina de Fomento) en todos los países de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Está formando silenciosamente a una nueva generación de los que van a ser empresarios, gerentes, etcétera, en responsabilidad social corporativa, economía con rostro humano. Ya vemos frutos. Con frecuencia me llaman empresarios o altos cargos públicos para pedirme algunos graduados de este programa llamado Amartya Sen. El ministro de Producción (de la provincia argentina) de Jujuy (noroeste), que es joven y empresario muy exitoso, me dijo: “Necesito diez Amartya Sen”. Tienen que ser locales, no los vamos a hacer emigrar de otros lugares. “Si no los tenés, formálos cuanto antes porque es el tipo de gente que necesitamos”, me dijo. Calidad técnica asegurada, pero al servicio de la ética.