“Las empresas egoístas son muchísimas en Latinoamérica”

Parte de una entrevista a Bernardo Kliksberg, economista y sociólogo argentino, reconocido en el mundo como uno de los padres de la gerencia social y la ética para el desarrollo. Autor del muy vendido libro Primero la gente, en coautoría con el Nobel de economía indio Amartya Sen, recientemente publicó su 56° obra: Ética para empresarios. Es asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Nueva York y preside el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

“Las empresas egoístas son muchísimas en Latinoamérica”

Por: Alejandro Rebossio         | 04 de          septiembre de         2013

 

Pregunta. ¿Cómo ve la economía de su país, Argentina?

Respuesta. Mi mirada siempre es contextual. Con mucha frecuencia se abstrae la situación de Argentina del contexto internacional. Los argentinos de todos los sectores tienen la tendencia a creer que todo es local. El 22 de agosto hablé en el salón de actos (de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA) para unas 1.500 personas y mi observación central fue: “Recuperemos la mirada contextual. Si no, no vamos a ningún lado”. Visto desde ese punto de vista, tenemos la economía mundial en crisis, no se salió de la crisis de Wall Street de 2008 y 2009, Europa con crecimiento negativo y EE UU que no crece más del 2%, y entre los dos son más del 50% del PIB mundial. Eso tiene significados para Argentina y todos los demás países. Significa menos inversiones, los principales mercados mundiales achicados, menos remesas migratorias. Las remesas han sido de lo más positivo que ha pasado en la historia reciente porque es la solidaridad de los pobres con los pobres en escala gigantesca. Es la principal fuente de ingresos de…

P. De varios países de América Latina.

R. De muchos. Representan del 10% al 20% del PIB de la mayoría de los países centroamericanos. Es la segunda fuente de divisas de México. Pero las remesas en México han bajado significativamente. La economía mundial está generando todos estos efectos. América Latina está mejor protegida que nunca frente a esto. Si esto hubiera ocurrido en la época de (Carlos) Menem (presidente argentino entre 1989 y 1999) o de (Carlos) Salinas (de Gortari, presidente mexicano entre 1988 y 1994) y los demás modelos neoliberales, la explosión de pobreza hubiera sido incontenible. Hoy hay políticas sociales activas, la inversión social se ha triplicado respecto de los años 90. Hay énfasis en las pymes, en las que yo creo fervientemente. Hay industria nacional. Todo eso amortigua el impacto internacional. Hay un contexto totalmente desfavorable. No veo para nada un viento de cola. Además, la desigualdad se ha multinacionalizado. Quizá el primero que lo advirtió fue Juan Pablo II, que hablaba de la globalización de la injusticia. Ahora lo está retomando el papa Francisco, que habla del capitalismo salvaje. Un informe del G20 dice que gran parte de las transnacionales ha encontrado dentro de la ley la manera de reducir su participación en la recaudación tributaria al mínimo histórico. El informe explica que lo hacen a través de manejos contables, los precios de transferencia, que llevan a que todos los costos sean declarados en los países donde tienen sus mercados mayores y que las utilidades sean declaradas en los paraísos fiscales. La conclusión es que si no se defienden los países desarrollados, sufren un proceso de desfinanciamiento y traslado masivo de la carga fiscal de los que ganan más a los que ganan menos…

P. Es un tema que en América Latina ni se debate.

R. Así es. Es una de las insuficiencias de la agenda. Hay que crear una nueva legislación para el mundo de las multinacionales, según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Las multinacionales están explotando a fondo algo que parecía de la Revolución Industrial, que es la mano de obra en condiciones de trabajo esclavo, como dice a cada rato el papa Francisco. Lo de Bangladesh: que hayan muerto 1.121 chicas que no debían haber muerto, porque se sabía que el edificio se caía a pedazos, es el mayor sacrificio de vidas en la historia de la industria textil. Estas chicas recibían 38 dólares por mes. Son cinco millones de personas que trabajan en Bangladesh, segundo productor mundial textil, en 5.000 empresas, mientras que las utilidades de las transnacionales de ropa son las mayores de la historia.

P. ¿Y Argentina?

R. América Latina forma parte de este mundo donde las desigualdades aumentan, donde el 1% más rico está siendo muy cuestionado por la opinión pública, desde el papa Francisco hasta los indignados de Wall Street. Y Argentina forma parte de ese contexto. Lo del 1% vale para Argentina en sí. Ese 1% forma parte de la transnacionalización de la economía. Argentina ha mejorado su coeficiente Gini (de desigualdad), pero hay muchísimo para mejorar hacia adelante. Desde el punto de vista contextual, está sufriendo y va a sufrir los impactos de la retracción mundial. Hay un pronóstico incierto sobre los escenarios económicos. Tanto el FMI (Fondo Monetario Internacional) como la Unión Europea han rectificado sus cálculos sobre el impacto de la austeridad. La caída del PIB ha sido mucho mayor. Dentro de esas coordenadas, las cifras que a mí más me importan han tenido una mejor significativa en Argentina. Yo no juzgo a los países por quién los gobierna sino por cómo le va a la gente. Entonces no importa quién es el presidente de Costa Rica. Todos los presidentes de Costa Rica mantuvieron la inversión en educación. En Argentina, a finales de los años 90 los niños recibían seis vacunas y ahora, 12. Eso significa que van a tener más salud. En 1999 hubo 42.000 casos de hepatitis A, que puede ser mortal y es una de las 25 enfermedades hídricas, según la OMS (Organización Mundial de la Salud). Tiene que ver mucho con la falta de agua potable y la falta de cloacas. Ha habido una mejora significativa y el año pasado fueron 241 casos. Es decir, en los indicadores Kliksberg, incluido el desempleo, ha habido mejoras significativas en Argentina. ¿Esto basta? Ni de casualidad. Nada. Falta muchísimo. Hay cerca de un 20% de población joven que está fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo. Se ha bajado la deserción en la secundaria, pero sigue siendo muy importante. Es menor que la de México, pero es significativa. El tema de la inseguridad ciudadana se está encarando muy mal. He escrito mucho sobre el tema y algunos presidentes me han escuchado bastante, pero el enfoque sigue siendo totalmente unidimensional en todos los sectores del espectro político. No se lo desagrega. Yo digo: “Desagreguemos”. Hay dos tipos de delitos, para empezar. Uno es de las mafias criminales, la de la droga, la de la complicidad de la policía con grupos criminales, el robo de autos (coches), el tráfico de personas. Otro es el delito joven. Contra las mafias hay que hacer caer todo el peso de la ley. Es la única manera de desarticularlas. Pero el delito joven es algo totalmente distinto. Hay chicos que comienzan cometiendo delitos menores, después delitos mayores y finalmente pueden ser la mano de obra del crimen organizado. Es lo que sucedió en México y Colombia. Los sicarios no lo eran originalmente, empezaron con delitos menores. Normalmente el análisis mezcla las dos cosas y entonces dicen que hay que aplicar la máxima punición a todo el fenómeno de la inseguridad ciudadana. Así no se va a mejorar en lo más mínimo. Yo tengo cifras de 100 países y la evidencia es muy robusta: los países con mejor seguridad ciudadana en el planeta son algunos de los que tienen menos policías, como Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia, que tienen 0,7 policías por cada 100.000 habitantes. Pero tienen inclusión social total de los jóvenes. No hay jóvenes fuera del sistema educativo ni de la salud o sin esperanza de trabajo. Entonces el delito joven no tiene incentivos. En América Latina, cuanta más secundaria completa, menos delito joven. Del total de jóvenes presos en la actualidad argentina, el 5% tiene educación secundaria. Cuanta más familia, baja la tasa de delito joven. La familia no es una cuestión voluntarista. Hay familias que funcionan, articuladas, bajo las distintas formas que hoy en día hay en el mundo, que son tutoriales, no policiales. Pero esas familias no llueven, tienen que ser apoyadas por políticas sociales que las favorezcan y fortalezcan. Hay que proteger a las familias pobres. Además se necesita trabajo. La consideración es que todos los jóvenes pobres que no tienen trabajo son sospechosos en potencia. La sociedad los trata así, con leyes punitorias si limpian vidrios (de los coches), si estacionan (aparcan) carros. Se les quiere prohibir esas formas de marginalidad. O la gente suele cruzar a la vereda (acera) de enfrente cuando ve a alguien pobre con pinta (aspecto) de desocupado. No se ataca a fondo con políticas el problema de cómo incluir al ejército de jóvenes que está fuera del mercado de trabajo, que es el 25% de los latinoamericanos. Yo creo mucho en la articulación de la política pública y el mercado socialmente responsable, no el mercado del capitalismo salvaje. Creo en un Estado orientado hacia la gente y empresas privadas con altos niveles de responsabilidad social. Mientras se aborde la inseguridad ciudadana solo desde la punición, mientras no se trabaje eliminando candidatos al delito porque la sociedad los ha apartado… Los medios tienen una responsabilidad importante en este fenómeno porque han consagrado y legitimado el lenguaje de los ni ni, que sugiere que ni quieren trabajar ni quieren estudiar. No son los ni ni, son los no no. Han sido excluidos de la educación, la salud, el trabajo. Argentina tiene avances significativos en los indicadores Kliksberg, pero insuficientes totalmente. Creo que a nivel general los modelos que hagan heterodoxia económica a favor de la gente han demostrado ser mucho más fecundos que los que practican ortodoxia económica acérrima, sacrificando a la gente en el camino. Los resultados están a la vista.

P. Retomemos la pregunta sobre las debilidades de la economía latinoamericana. ¿Cuáles son?

R. La debilidad mayor es la desigualdad. Porque el coeficiente de Gini sigue siendo el peor de todo el planeta. Ha mejorado sustancialmente gracias a las mejoras de Brasil, Argentina, Uruguay…

P. Pero también países de economía neoliberal han reducido la pobreza…

R. No, no en el sentido de que podrían haberla reducido mucho más que lo que la redujeron. La pobreza de Chile, cuando comenzó (la dictadura de Augusto) Pinochet (1973-1990) era del 20%. Cuando terminó Pinochet era del 40%. Gracias a políticas sociales muy activas porque (Patricio) Aylwin (1990-1994), que es mi amigo personal, tuvo como meta central de su presidencia la reducción de la pobreza, y después fue continuado por (Ricardo) Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010), hubo resultados claros. Pero que la desigualdad sea tan profunda en el sistema educativo significa que no se está reduciendo la desigualdad. El gran motor de reducción de la desigualdad es el sistema educativo. Si hay educación de calidad para todos, entonces las oportunidades son realmente mucho mejores. En educación y salud Chile sigue teniendo insuficiencias importantes de igualdad.

P. ¿Qué otra debilidad observa en la región?

R. Yo confío totalmente en el 99% de la sociedad y no en el 1%, aunque hay actores del 1% como Warren Buffett, que es un héroe del género humano. En mi último libro lo menciono: es el tercer multimillonario del planeta, se dedicó siempre a inversiones en Wall Street, pero a los 82 años donó toda su fortuna completa a la Fundación Gates para combatir las enfermedades de los pobres, como la malaria. En los capítulos del libro, al comienzo hay citas de Buffett, Keynes, Adam Smith. Buffett dice que hay que aumentar dramáticamente los impuestos al 1% más rico, que la desigualdad es el peor problema de nuestra sociedad, que no podemos seguir así. Yo creo que todo depende de que el 99% se organice y América Latina es débil todavía en eso. El porcentaje de sociedad civil organizada ha ido creciendo significativamente, pero falta muchísimo. La sociedad civil debería tener índices más altos de participación, no solo electoral, sino ciudadana, bajo todas las formas posibles. En Noruega el 70% de la población hace trabajo voluntario. Es el país número uno del mundo en todo. ¿Para qué se necesita el trabajo voluntario? Forma parte del credo de vida. La gente ayuda al Estado noruego, que es uno de los más eficientes del planeta, a integrar a los inmigrantes, que llegan permanentemente del norte de África, a superar los problemas de drogadicción de las nuevas generaciones y a lo que fuera. América Latina tiene un potencial fenomenal de voluntariado, emprendedurismo social, participación ciudadana, pero falta muchísimo. Cuanto más se organice el 99%, mayor será la calidad de las políticas públicas.

P. ¿Cómo está la responsabilidad social en Latinoamérica de las grandes empresas extranjeras y locales y de las pymes?

R. Yo generé un modelo que ha tenido repercusión internacional. Cinco Días dice que soy el que más sabe del tema en el mundo, pero no creo que sea así. Hay cinco parámetros Kliksberg para saber si una empresa es responsable o no. Veamos entonces a América Latina confrontada con los cinco parámetros. Número uno: cómo las empresas tratan a su personal. No es solo pagar un sueldo razonable sino también si discriminan o no a las mujeres, cómo es el equilibrio familia/empresa. Son criterios más exigentes. Aquí estamos mal. Las mujeres ganan 30% menos que los hombres, hay un 4% de mujeres en los consejos directivos de las empresas, la mujer que está embarazada es discriminada. Hay excepciones y avances, pero el promedio es muy deficitario. El segundo indicador es si las empresas se preocupan por los consumidores. Productos de buena calidad, saludables, precios razonables. En América Latina las multinacionales del fast food (comida rápida) han logrado cambiar la dieta de una buena parte de la población, junto con sus socios locales. Eso significa en términos muy concretos una epidemia de obesidad infantil. México tiene un 40% de su población infantil obsesa. Esto son muchos menos años de vida, chicos con arteriosclerosis, las coronarias obstruidas porque el fast food, según la OMS, está cargado de grasas ultrasaturadas. En América Latina la preocupación por los consumidores tiene excepciones, pero falta muchísimo. En tercer lugar, medio ambiente. Falta mucho. La agenda de las empresas ha integrado protocolarmente el medio ambiente, pero yo lo quiero ver representado en cifras, que son la única cosa en la que creo. En cuarto lugar, transparencia. Transparencia Internacional siempre se ha dedicado al sector público, pero por primera vez produjo hace pocos meses el primer informe sobre transparencia en el sector privado. Tomás las 120 mayores empresas del planeta y las cifras son terribles. Todo eso genera incentivos a la corrupción. América Latina está igual que todo el planeta. En quinto lugar, algo muy importante, la inversión social. Para mí responsabilidad social no es darle a una escuelita una vez por año unas monedas y publicar después avisos multimillonarios contándolo. La inversión social debe formar parte de las políticas de la empresa, así como produce tal producto, deliberadamente quiere producir valor social. Hay que poner recursos importantes en esto. Se mide qué porcentaje de las ventas ponen las empresas en esto. Empresas como la brasileña Natura, que es la segunda mundial en responsabilidad social, tienen un porcentaje fijo. Entonces no es un capricho. Natura ha ido subiendo ese porcentaje. Pero la empresa privada no solo puede aportar dinero. El dinero es fundamental y en América Latina subaportan totalmente, aportan un porcentaje menor que las empresas en EE UU. Pero las empresas también pueden aportar alta gerencia, tecnologías en Internet, competencias técnicas específicas, aliándose con la política pública, por ejemplo, para bajar la deserción escolar más rápido. Hay un programa muy significativo, el de Telefónica para rescatar niños del trabajo infantil. Lo conozco bastante de cerca. La empresa está poniendo dinero y tecnología. Va a escuelas muy pobres, trata con los chicos de alrededor que no están en la escuela, como los de los basurales de Quito, donde con la política pública trata de que no haya más niños en esos basurales. Los chicos son integrados a la escuela a través de becas y la escuela fue remodelada con tecnología de punta en materia de educación. El programa no va a remediar el trabajo infantil. Se calcula que en América Latina hay 12 millones de chicos trabajando y el programa de Telefónica ayuda a 300.000, pero es valiosísimo porque cada chico, desde el punto de vista ético, hace una diferencia total.

P. ¿Y entonces qué concluye sobre América Latina?

R. En América Latina, a partir de las cinco categorías, hay tres tipos de empresas. Las que yo llamo empresas egoístas, a las que no les importa nada del contexto. Solo les importa maximizar. Hay empresas filantrópicas, que están aportando recursos insuficientes y son una mejora respecto de las egoístas. Y están las empresas que cumplen los cinco parámetros. Las egoístas son muchísimas. Las filantrópicas están aumentando, pero son una minoría. Y las socialmente responsables son muy escasas. Esto no llueve, no es que un decreto va a hacerlo. Esto tiene que ver con cultura corporativa, educación de los gerentes, de los empresarios, con visión de mundo. Tenemos en América Latina quizá uno de los programas más avanzados del mundo en esto. Los principales MBA (siglas en inglés de máster en administración de empresas) de EE UU hicieron un mea culpa feroz después de que algunos de sus egresados produjeran las quiebras de Enron, las de 2008 y 2009 o están actualmente especulando en un mercado financiero que está siendo condenado criminalmente, como hace algunas semanas. Están viendo dónde está el error, el fracaso ético. Nosotros hemos montado en esta facultad, con el decano, Alberto Barbieri, el primer programa que está tratando de formar a todos los egresados, desde contadores (contables) y administradores hasta gerentes que van a ocupar puestos muy importantes en los sectores público y privado. La facultad tiene 80.000 alumnos, es la mayor escuela de economía de América Latina. El programa está dedicado a formar una nueva generación de profesores, multiplicadores, que formen a los jóvenes en economía con rostro humano, gestión con rostro humano, en las ideas de Amartya Sen, mis propias ideas, lo que dice (Joseph) Stiglitz, (Paul) Krugman, lo que hizo Muhammad Yunnus. Empezamos en 2009. Elegí los 100 mejores egresados de los dos años anteriores que al mismo tiempo hubiesen hecho algo por la comunidad, que tuvieran algún interés de servicio público. Ya vamos por los 2.000. Este programa se está dictando en las 26 universidades nacionales de Argentina. Ahora, por pedido de los países vecinos, lo estamos dictando con apoyo de la CAF (Corporación Andina de Fomento) en todos los países de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas). Está formando silenciosamente a una nueva generación de los que van a ser empresarios, gerentes, etcétera, en responsabilidad social corporativa, economía con rostro humano. Ya vemos frutos. Con frecuencia me llaman empresarios o altos cargos públicos para pedirme algunos graduados de este programa llamado Amartya Sen. El ministro de Producción (de la provincia argentina) de Jujuy (noroeste), que es joven y empresario muy exitoso, me dijo: “Necesito diez Amartya Sen”. Tienen que ser locales, no los vamos a hacer emigrar de otros lugares. “Si no los tenés, formálos cuanto antes porque es el tipo de gente que necesitamos”, me dijo. Calidad técnica asegurada, pero al servicio de la ética.

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