Tasa Robin Hood

Un extenso trabajo sobre la “Tasa Robin Hood” sobre transacciones financieras.

http://saludporderecho.org/wp-content/uploads/2014/03/Documento-Economistas.pdf

Marzo 2014

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¿Por qué defiendo la Cooperación?

Artículo escrito por   Director general, Oxfam Intermón 18/03/2014

Esta semana presentamos desde Oxfam Intermón el informe La Realidad de la Ayuda que recoge un profundo análisis de las tendencias en la Cooperación Internacional al Desarrollo española e internacional, así como propuestas para mejorar e impulsar esta política pública de solidaridad. Dirigí hace años este informe y he escrito en el mismo, contribuyendo a la reflexión basada en los hechos ocurridos anualmente en nuestro sector. Coincidiendo con su lanzamiento, varias personas de Oxfam Intermón van a escribir artículos sobre los contenidos, explicando la situación de la maltrecha Cooperación Española.

Así que en esta pieza voy por otro registro y comparto las razones y los valores de fondo por los que defiendo la Cooperación al Desarrollo. Quienes lo hacemos hemos sufrido acusaciones de todo tipo, que van de ser unos vividores viajantes a costa de los recursos públicos a conformar una pandilla de espíritus bienintencionados que nada saben del mundo real ni de la vida económica de verdad. No dudo que haya de esto en nuestro sector, como hay personas en otros que responden a los clichés correspondientes. Sin embargo, les aseguro que en éste, la mayor parte de las personas que lo habitamos somos serias, buscamos la colaboración de la sociedad y no solo del Estado, nos preocupamos por nuestra formación y sobre todo, tenemos una gran motivación. Comparto las razones que sustentan la mía.

  1. Una fuerte vocación, enraizada en mis principios más hondos. Da igual el origen, cristiano, humanista, político… lo relevante es que trabajar en Cooperación conecta con los valores íntimos. Dicho de otra manera, no creo que se pueda trabajar en esto sin tener una vocación fuerte y consistente con las opciones vitales. O sí se puede, como se pueden hacer tantas cosas sin sentirlas. O sea malamente. Y se nota.
  2. La Cooperación se hace desde las personas. Manejamos números, formularios y estudios; imprescindibles todos, aunque corremos el riesgo de que despersonalicen lo que hacemos. Máxime teniendo en cuenta que trabajamos con el “prójimo lejano”, a miles de kilómetros, a veces no más que una foto o una historia en un dossier. Difícil, aunque salvable, si sentimos lo misional de una Cooperación cuyo “lugar” solo puede ser el de las personas vulnerables violentadas por el hambre y la pobreza. Si no se ha sentido el desgarro por el sufrimiento ajeno, de Haití a Perú o Sudán del Sur, si no se ha compartido la esperanza de una lucha concreta, es difícil defender la Cooperación como algo más que una actividad ocasional. No creo en la Cooperación descarnada.
  3. Para provocar cambios en estructuras. En leyes, políticas, prácticas, que perpetúan la pobreza y alimentan la desigualdad. La Cooperación que defiendo, y no me refiero solo a la de ONGD, es transformadora, aspira a cambiar y no a asistir. Es precisamente su raíz en las personas que sufren, y no en ideas, la que impele y da fuerzas para luchar por sus derechos. Por lo tanto no es una actividad neutra a efectos de las estructuras que operan en una comunidad, en un país o en el planeta. Se moja y toma partido. Desde el rigor, se arriesga. Buscando resultados e impacto, se equivoca, aprende, cambia e innova. Porque no fabricamos tuercas sino que buscamos generar cambios sostenibles que contribuyan a un mundo más equitativo y justo.
  4. Con un sentido global. A pesar de los viajes y las redes sociales, estamos en un tiempo en el que lo doméstico nos puede y los localismos florecen. La crisis ha volcado al país dentro de unas fronteras valladas, mirando al exterior solo para buscar alternativas de corto plazo y el rédito económico para unos pocos. La Cooperación al Desarrollo asume una mirada global y solidaria sobre problemas comunes, la pobreza el primero de ellos, que solo resolveremos juntos y fuera de nuestras fronteras. Sin luces largas, sin sacudirse esos intereses locales de corto alcance, es difícil hacer una Cooperación que trascienda el proyecto para aspirar a influir en políticas públicas y en reglas globales.
  5. Que saca lo mejor de cada casa. Conozco bien el sector de la Cooperación, del personal de la AECID en el exterior a los voluntarios y voluntarias de organizaciones como Oxfam Intermón, pasando por los equipos humanitarios y tantas personas que dejan su energía, ideas y desvelos en esta tarea. Generalizando, con los riesgos que esto tiene, afirmo que es un sector capaz, formado por colectivos diversos, de fuerte motivación y calidad humana y profesional. Lo mejor de cada ciudad está en los grupos de solidaridad y algunos de los mejores profesionales se dedican a la Cooperación.

¿Se cree esto el Gobierno al máximo nivel? Y más allá. ¿Considera que la Cooperación al Desarrollo es una seña de identidad del país en su actuación exterior, que muestra lo mejor de esta casa? O tal vez sigue pensando que solo con una economía interesada y una política exterior de corta presencia se puede ir por el mundo de hoy.

Necesitamos salir del subsuelo presupuestario en el que han sumido a la Cooperación desde el año 2010. Sin embargo, más allá y antes que esto, necesitamos sentir que desde el Parlamento y el Gobierno, desde sectores sociales más amplios que el nuestro, se cree en esta política de solidaridad global y se lidera en consecuencia. Con pasión, convencimiento e inteligencia. No queda mucho tiempo antes de que sea tarde para recuperarnos.                               

 

Video: ¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones

¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones (vídeo patrocinado)

Explicado el 11/02/2014Por Lluis TorrentEconomía, Europa, Opinión   

VER VIDEO:

http://www.youtube.com/watch?v=-0AGH_0AqVw&feature=player_embedded

Recuerdo perfectamente una de las primeras ocasiones en las que mi estancia en China tuvo un momento de impacto. Llevaba tan sólo un mes viviendo en el gigante asiático cuando, junto con mi novia, asistimos a la boda de un amigo argentino, quién contrajo matrimonio con una china. En la boda conocimos a un dicharachero y más que simpático chico español, de unos cuarenta y tantos, que llevaba ocho años viviendo en el país, en el cual parecía estar más que feliz e integrado. De hecho nos dijo que no tenía ninguna intención de volver a España.

La sorpresa tuvo lugar cuando le hicimos la típica pregunta que inicia cualquier presentación, “¿y tú, a qué te dedicas? La respuesta, y el tono relajado pero firme de la misma, nos dejó a mi novia y a mi anonadados: “me dedico a comprar muestras de los productos de la empresa Roca e ir a fábricas chinas para que las copien”.  Y continuó desarrollándola, casi ya denotando orgullo: “llego a la fábrica les doy el producto y les digo que lo hagan exactamente igual pero un 70% más barato y luego lo vendo”. Nuestra primera reacción fue de indignación total (qué novatos éramos por entonces… aún total desconocedores del gigante mundo fake chino): qué cómo era posible que se dedicara a tal cosa, que si no tenía escrúpulos ni ética alguna, que si no había pensado en las negativas consecuencias para España, que si no le importa la crisis, que si tal, que si cual. Su rostro se mantuvo con una sonrisa impertubable hasta que finalizó: “bueno, éste es mi trabajo y gano mucho dinero con él”, y añadió “me permite tener un nivel de vida que me encanta”.

Las falsificaciones en España

España es el cuarto país de la Unión Europa donde más productos falsificados se interceptan, sólo superado por Alemania, Italia y Grecia. La crisis económica, que ha reducido considerablemente el poder adquisitivo de los consumidores, es el principal motivo por el que este fenómeno se ha extendido en los últimos años. En el año 2012, los españoles se gastaron 991 millones de euros en productos falsificados con una media de 145 euros por persona, según el informe de Foro Europa Ciudadana, ”El impacto económico de las falsificaciones en España”.

Los artículos falsificados que más éxito tienen entre los compradores son las prendas de vestir, que representan el 23,3% del total de falsificaciones, con un gasto medio de 108 euros. Hay que destacar que los aparatos electrodomésticos son en los que más dinero se gastan los españoles, una media de 204,9 euros al año. La siguiente tabla recoge por producto el porcentaje de gente que reconoció que había consumido una falsificación.

Falsificaciones en España

Gasto en falsificaciones en España en 2013. Fuente: libremercado.com

Las falsificaciones en Europa

El volumen global del comercio de productos falsificados se eleva a más de 200.000 millones de euros al año, una magnitud similar a la del mercado de drogas ilegales. En Europa, entre 2010 y 2011, el volumen de imitaciones confiscadas por aduanas creció un 11% hasta 115 millones de imitaciones confiscadas en las fronteras de la UE, con un valor total de más de 1.200 millones de euros. En 2009, el valor de las diez marcas principales en los países de la Unión Europea alcanzó casi el 9% de PIB constituyendo los artículos de moda y de lujo de uso personal el 54% del valor total de las mercancías confiscadas.

Las falsificaciones pueden tener un coste mucho más alto del que uno se imagina. Cerca de un tercio de los artículos confiscados por las aduanas de la UE en 2011 se consideró potencialmente peligroso para la salud y la seguridad de los consumidores. Éste sería el caso de las imitaciones de medicamentos y productos de alimentación. China es, con diferencia, la mayor fuente de imitaciones confiscadas en Europa y representa casi el 73% de la cantidad total de artículos confiscados.

En China es habitual encargar el diseño de un logotipo a un diseñador gráfico y ver como lo primero que hace éste es ir a Internet y copiar lo que allí encuentre. Falta de creatividad es lo que argumenta la mayoría de la gente hacia los chinos. En realidad en China se adoctrina más que educa para el pensamiento creativo. Sea lo que fuere en China es habitual ver copias de todo tipo. Es posible encontrar un mundo de copias en los fake markets, copias de diseños de ropa, copias de libros, copias de teléfonos móviles, copias de cochescopias de negocios, incluso copias de portaaviones, ¡y hasta copias y réplicas de ciudades!

China es la capital mundial de la falsificación. La industria de la falsificación representa el 8% del PIB total de China. Junto a China se encuentran también Corea del Norte y Taiwán como mayores jugadores de la liga mundial de las imitaciones.

Como es de esperar un sector que mueve el 8% de su economía significa que está muy arraigado en el país. En numerosas ocasiones gobiernos locales chinos han actuado con contundencia acerca de las falsificaciones, lo que ha llevado a que numerosas fábricas y negocios cerraran y se crearan auténticos pueblos fantasma. Como todo, suelen ser los del final de la cadena los que salen más afectados por este tipo de medidas.

¿Cómo se hacen las falsificaciones? Algunas falsificaciones se producen en la misma fábrica que produce el producto original y crean el producto siguiendo exactamente el mismo proceso pero utilizando materiales de calidad inferior. Otra curiosa y nueva tendencia en la falsificación, vista especialmente en el campo de la electrónica de consumo, es la fabricación de productos completamente nuevos con materiales de mala calidad o, a menudo, la incorporación de características que son deseables y no disponibles en la línea de productos auténtico y, a continuación, incluir nombres y logotipos muy parecidos (Cnanel en lugar de Channel, Rebook en lugar de Reebok, Addidas en lugar de Adidas, etc) a marcas prominentes para beneficiarse de la imagen de marca o el reconocimiento de la misa.

Es por este motivo que la Comisión Europea, en una iniciativa conjunta de la Dirección General de Empresa e Industria y la Dirección General de Mercado Interior y Servicios, han lanzado la campaña ”¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones”, también disponible en Facebook, para sensibilizar a la población acerca del coste real de las imitaciones. En última instancia la Comisión Europea hace un llamamiento a todos los europeos para plantarse contra la imitación comprando productos genuinos.

Según la campaña de la Comisión Europea, las falsificaciones perjudican la economía y amenazan el empleo por toda Europa en competencia desleal con los artículos originales. Como argumentos se esgrimen los siguientes:

1. En primer lugar, es una cuestión ética. El crimen organizado se beneficia de forma importante de este negocio ilegal. En todo el mundo, el crimen organizado está fuertemente implicado en la distribución de imitaciones: para ellos es una verdadera oportunidad de crecer.

2. Los productos falsificados pueden suponer graves riesgos para la seguridad y la salud. Los ciudadanos también pueden perder como consumidores.  Lo que parece una ganga a menudo resulta ser una pérdida de dinero, ya que las imitaciones no suelen estar hechas de acuerdo a las mismas normas de calidad. En el caso de los medicamentos, a diferencia de los originales (incluidos los genéricos), los medicamentos falsos pueden fabricarse con cualquier cosa.

3. Pierden los productores, ya sea como trabajadores o como empresarios. Los vendedores de imitaciones perjudican a la economía europea, dado que dañan los negocios legítimos y acaban con la innovación. Y las imitaciones compiten de forma desleal con los artículos auténticos, poniendo en peligro muchos puestos de trabajo en Europa.

4. Pierden los contribuyentes. Los operadores y comerciantes ilegales no pagan impuestos, así que acaban pagando los consumidores más para compensar la pérdida.

Pero también es posible realizar una lectura contraria del asunto y en lugar de centrarse en el lado de la oferta también ver el lado de la demanda. Es precisamente  la crisis financiera el motor que ha propiciado un importante aumento del consumo de productos falsificados, sobre todo entre gente joven menor de 30 años.

Existen críticas también acerca de los márgenes abusivos en el precio de algunos productos que pagan los consumidores finales por parte de empresas que aprovechan el peso de su “marca” a la vez que exprimen al máximo las fábricas en origen, especialmente en el caso de marcas de ropa de lujo. Es precisamente en los bajos sueldos dónde muchos ven el gran incentivo de los propios trabajadores a caer en la tentación de falsificar productos, que junto a la demanda existente fomenta que esta industria se haya extendido hasta adoptar la magnitud actual.

Estas críticas que van de la mano del fenómeno de la deslocalización de las empresas en búsqueda de mano de obra barata y legislación social y ambiental más laxa, lo que hace dudar a los consumidores acerca del auténtico significado de las políticas de Responsabilidad Social Corporativa que algunas corporaciones publicitan con orgullo.

Artículo patrocinado por la Comisión Europea