Video: ¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones

¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones (vídeo patrocinado)

Explicado el 11/02/2014Por Lluis TorrentEconomía, Europa, Opinión   

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Recuerdo perfectamente una de las primeras ocasiones en las que mi estancia en China tuvo un momento de impacto. Llevaba tan sólo un mes viviendo en el gigante asiático cuando, junto con mi novia, asistimos a la boda de un amigo argentino, quién contrajo matrimonio con una china. En la boda conocimos a un dicharachero y más que simpático chico español, de unos cuarenta y tantos, que llevaba ocho años viviendo en el país, en el cual parecía estar más que feliz e integrado. De hecho nos dijo que no tenía ninguna intención de volver a España.

La sorpresa tuvo lugar cuando le hicimos la típica pregunta que inicia cualquier presentación, “¿y tú, a qué te dedicas? La respuesta, y el tono relajado pero firme de la misma, nos dejó a mi novia y a mi anonadados: “me dedico a comprar muestras de los productos de la empresa Roca e ir a fábricas chinas para que las copien”.  Y continuó desarrollándola, casi ya denotando orgullo: “llego a la fábrica les doy el producto y les digo que lo hagan exactamente igual pero un 70% más barato y luego lo vendo”. Nuestra primera reacción fue de indignación total (qué novatos éramos por entonces… aún total desconocedores del gigante mundo fake chino): qué cómo era posible que se dedicara a tal cosa, que si no tenía escrúpulos ni ética alguna, que si no había pensado en las negativas consecuencias para España, que si no le importa la crisis, que si tal, que si cual. Su rostro se mantuvo con una sonrisa impertubable hasta que finalizó: “bueno, éste es mi trabajo y gano mucho dinero con él”, y añadió “me permite tener un nivel de vida que me encanta”.

Las falsificaciones en España

España es el cuarto país de la Unión Europa donde más productos falsificados se interceptan, sólo superado por Alemania, Italia y Grecia. La crisis económica, que ha reducido considerablemente el poder adquisitivo de los consumidores, es el principal motivo por el que este fenómeno se ha extendido en los últimos años. En el año 2012, los españoles se gastaron 991 millones de euros en productos falsificados con una media de 145 euros por persona, según el informe de Foro Europa Ciudadana, ”El impacto económico de las falsificaciones en España”.

Los artículos falsificados que más éxito tienen entre los compradores son las prendas de vestir, que representan el 23,3% del total de falsificaciones, con un gasto medio de 108 euros. Hay que destacar que los aparatos electrodomésticos son en los que más dinero se gastan los españoles, una media de 204,9 euros al año. La siguiente tabla recoge por producto el porcentaje de gente que reconoció que había consumido una falsificación.

Falsificaciones en España

Gasto en falsificaciones en España en 2013. Fuente: libremercado.com

Las falsificaciones en Europa

El volumen global del comercio de productos falsificados se eleva a más de 200.000 millones de euros al año, una magnitud similar a la del mercado de drogas ilegales. En Europa, entre 2010 y 2011, el volumen de imitaciones confiscadas por aduanas creció un 11% hasta 115 millones de imitaciones confiscadas en las fronteras de la UE, con un valor total de más de 1.200 millones de euros. En 2009, el valor de las diez marcas principales en los países de la Unión Europea alcanzó casi el 9% de PIB constituyendo los artículos de moda y de lujo de uso personal el 54% del valor total de las mercancías confiscadas.

Las falsificaciones pueden tener un coste mucho más alto del que uno se imagina. Cerca de un tercio de los artículos confiscados por las aduanas de la UE en 2011 se consideró potencialmente peligroso para la salud y la seguridad de los consumidores. Éste sería el caso de las imitaciones de medicamentos y productos de alimentación. China es, con diferencia, la mayor fuente de imitaciones confiscadas en Europa y representa casi el 73% de la cantidad total de artículos confiscados.

En China es habitual encargar el diseño de un logotipo a un diseñador gráfico y ver como lo primero que hace éste es ir a Internet y copiar lo que allí encuentre. Falta de creatividad es lo que argumenta la mayoría de la gente hacia los chinos. En realidad en China se adoctrina más que educa para el pensamiento creativo. Sea lo que fuere en China es habitual ver copias de todo tipo. Es posible encontrar un mundo de copias en los fake markets, copias de diseños de ropa, copias de libros, copias de teléfonos móviles, copias de cochescopias de negocios, incluso copias de portaaviones, ¡y hasta copias y réplicas de ciudades!

China es la capital mundial de la falsificación. La industria de la falsificación representa el 8% del PIB total de China. Junto a China se encuentran también Corea del Norte y Taiwán como mayores jugadores de la liga mundial de las imitaciones.

Como es de esperar un sector que mueve el 8% de su economía significa que está muy arraigado en el país. En numerosas ocasiones gobiernos locales chinos han actuado con contundencia acerca de las falsificaciones, lo que ha llevado a que numerosas fábricas y negocios cerraran y se crearan auténticos pueblos fantasma. Como todo, suelen ser los del final de la cadena los que salen más afectados por este tipo de medidas.

¿Cómo se hacen las falsificaciones? Algunas falsificaciones se producen en la misma fábrica que produce el producto original y crean el producto siguiendo exactamente el mismo proceso pero utilizando materiales de calidad inferior. Otra curiosa y nueva tendencia en la falsificación, vista especialmente en el campo de la electrónica de consumo, es la fabricación de productos completamente nuevos con materiales de mala calidad o, a menudo, la incorporación de características que son deseables y no disponibles en la línea de productos auténtico y, a continuación, incluir nombres y logotipos muy parecidos (Cnanel en lugar de Channel, Rebook en lugar de Reebok, Addidas en lugar de Adidas, etc) a marcas prominentes para beneficiarse de la imagen de marca o el reconocimiento de la misa.

Es por este motivo que la Comisión Europea, en una iniciativa conjunta de la Dirección General de Empresa e Industria y la Dirección General de Mercado Interior y Servicios, han lanzado la campaña ”¿Demasiado bueno para ser verdad? El coste real de las falsificaciones”, también disponible en Facebook, para sensibilizar a la población acerca del coste real de las imitaciones. En última instancia la Comisión Europea hace un llamamiento a todos los europeos para plantarse contra la imitación comprando productos genuinos.

Según la campaña de la Comisión Europea, las falsificaciones perjudican la economía y amenazan el empleo por toda Europa en competencia desleal con los artículos originales. Como argumentos se esgrimen los siguientes:

1. En primer lugar, es una cuestión ética. El crimen organizado se beneficia de forma importante de este negocio ilegal. En todo el mundo, el crimen organizado está fuertemente implicado en la distribución de imitaciones: para ellos es una verdadera oportunidad de crecer.

2. Los productos falsificados pueden suponer graves riesgos para la seguridad y la salud. Los ciudadanos también pueden perder como consumidores.  Lo que parece una ganga a menudo resulta ser una pérdida de dinero, ya que las imitaciones no suelen estar hechas de acuerdo a las mismas normas de calidad. En el caso de los medicamentos, a diferencia de los originales (incluidos los genéricos), los medicamentos falsos pueden fabricarse con cualquier cosa.

3. Pierden los productores, ya sea como trabajadores o como empresarios. Los vendedores de imitaciones perjudican a la economía europea, dado que dañan los negocios legítimos y acaban con la innovación. Y las imitaciones compiten de forma desleal con los artículos auténticos, poniendo en peligro muchos puestos de trabajo en Europa.

4. Pierden los contribuyentes. Los operadores y comerciantes ilegales no pagan impuestos, así que acaban pagando los consumidores más para compensar la pérdida.

Pero también es posible realizar una lectura contraria del asunto y en lugar de centrarse en el lado de la oferta también ver el lado de la demanda. Es precisamente  la crisis financiera el motor que ha propiciado un importante aumento del consumo de productos falsificados, sobre todo entre gente joven menor de 30 años.

Existen críticas también acerca de los márgenes abusivos en el precio de algunos productos que pagan los consumidores finales por parte de empresas que aprovechan el peso de su “marca” a la vez que exprimen al máximo las fábricas en origen, especialmente en el caso de marcas de ropa de lujo. Es precisamente en los bajos sueldos dónde muchos ven el gran incentivo de los propios trabajadores a caer en la tentación de falsificar productos, que junto a la demanda existente fomenta que esta industria se haya extendido hasta adoptar la magnitud actual.

Estas críticas que van de la mano del fenómeno de la deslocalización de las empresas en búsqueda de mano de obra barata y legislación social y ambiental más laxa, lo que hace dudar a los consumidores acerca del auténtico significado de las políticas de Responsabilidad Social Corporativa que algunas corporaciones publicitan con orgullo.

Artículo patrocinado por la Comisión Europea