La desigualdad impide acabar con la pobreza

http://www.huffingtonpost.es/jose-maria-vera/por-que-la-desigualdad_b_9001268.html?utm_hp_ref=spain

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Ojo a la frase: “La desigualdad genera riqueza y crecimiento”

Me piden que haga un comentario sobre unas afirmaciones de Francisco Marhuenda, director del periódico La Razón, en la tertulia del programa “Al rojo vivo” (https://youtu.be/htOg-6juQWg).  He de confesar que hasta hoy no conocía a este señor ni aquellos que comparten programa con él, así que me voy a limitar a hablar sobre sus comentarios. En primer lugar me sorprende que un informe de una institución sea criticable porque quienes lo escriben son “pijos”, como él los define. Si consideramos que este apelativo se utiliza para referirse a personas que provienen de “una clase social adinerada” (tal y como lo indica el Diccionario de la Real Academia de la lengua) ¿Para este señor todo lo que viene de personas de esta categoría es despreciable? ¿Todo aquello que hacen los “pijos” es censurable solamente por ser lo que son, esto es, de clase adinerada? Despreciar los argumentos de alguien por su origen familiar, de raza, de clase o por su religión o ideología tiene un nombre que cualquier lector avezado conoce.

Luego afirma que “la desigualdad acompaña a la historia de la humanidad” y desgraciadamente, no puedo estar más de acuerdo con él. Al igual que muchas otras cosas como los asesinatos, las violaciones, las envidias… pero también cosas buenas como el amor, el compañerismo, el compartir, la misericordia… Que algo acompañe a la historia de la humanidad no es una garantía ni de que sea bueno, ni de que sea malo, es un argumento vacío que no nos lleva a nada.

Luego entra en la afirmación central de su argumento “la desigualdad genera riqueza y crecimiento”. Esta afirmación es muy cuestionable. Solamente voy a nombrar el “Informe sobre desarrollo Mundial de 2006” publicado por el Banco Mundial o el libro “Por qué fracasan los países” de Acemoglu y Robinson en los que se puede observar cómo las desigualdades no solo no son positivas para las sociedades y para el crecimiento económico, sino que con frecuencia son negativas. Los estudios al respecto son tantos y tan variados, que en el breve espacio de este artículo no puedo resumirlos todos. En esencia, la mayoría de los estudios parecen abalar que las sociedades más igualitarias son las que tienen mayores éxitos económicos a largo plazo y que la igualdad en determinados aspectos es un valor en si mismo.

¿Por qué entonces realiza esta afirmación el periodista? Tal vez se descubre en su siguiente pregunta cuando, para intentar refrendar su argumento de que la desigualdad genera riqueza, dice “pero hombre, ¿Amancio Ortega como gana el dinero?” Es decir, la desigualdad es la base para que algunos se enriquezcan. En esto no le niego la razón al periodista que en este caso utiliza un argumento marxista para demostrar la mayor, el de la plusvalía. Para que algunos ganen mucho, los otros tienen que cederles una parte de lo que generan. La desigualdad es positiva para quienes están mejor.

Acto seguido habla de que “los excedentes económicos son los que hacen crecer a los países”. Esta afirmación también es cuestionable. Si bien es cierto que los ahorros bien invertidos pueden generar crecimiento económico, también es cierto que estos no tienen por qué ser solamente de unos pocos, pueden ser de muchos (sin la existencia de desigualdades), y también es verdad que los excedentes no solamente se invierten en actividades que generan riqueza, sino que con frecuencia se invierten en actividades especulativas que no la generan. Por lo tanto, a niveles iguales de excedentes, las tasas de crecimiento pueden ser diferentes si estos excedentes están o no concentrados en unos pocos y según la utilización que se haga de los mismos.

Por último, querría añadir una cuestión de fondo que subyace a todo esto. ¿Por qué nos interesa tanto el crecimiento económico y la riqueza si esta no acaba beneficiando a todos? Es decir, aunque la desigualdad generase riqueza, aunque esto fuese verdad ¿Para qué quiero tener más entre todos si aún así hay gente que no tiene lo suficiente para vivir? ¿Para que solo unos pocos se aprovechen de esta prosperidad? El crecimiento económico solamente tiene sentido si acaba beneficiando a los más desfavorecidos para que estos tengan al menos lo suficiente para vivir. Si esto no sucede, el crecimiento por el crecimiento deja de tener sentido.

Enrique Lluch Frechina. Profesor de economía de la Universidad CEU Cardenal Herrera

Ojo a la frase :”La desigualdad genera riqueza y crecimiento “

Me piden que haga un comentario sobre unas afirmaciones de Francisco Marhuenda, director del periódico La Razón, en la tertulia del programa “Al rojo vivo” (ver video).  He de confesar que hasta hoy no conocía a este señor ni aquellos que comparten programa con él, así que me voy a limitar a hablar sobre sus comentarios. En primer lugar me sorprende que un informe de una institución sea criticable porque quienes lo escriben son “pijos”, como él los define. Si consideramos que este apelativo se utiliza para referirse a personas que provienen de “una clase social adinerada” (tal y como lo indica el Diccionario de la Real Academia de la lengua) ¿Para este señor todo lo que viene de personas de esta categoría es despreciable? ¿Todo aquello que hacen los “pijos” es censurable solamente por ser lo que son, esto es, de clase adinerada? Despreciar los argumentos de alguien por su origen familiar, de raza, de clase o por su religión o ideología tiene un nombre que cualquier lector avezado conoce.

Luego afirma que “la desigualdad acompaña a la historia de la humanidad” y desgraciadamente, no puedo estar más de acuerdo con él. Al igual que muchas otras cosas como los asesinatos, las violaciones, las envidias… pero también cosas buenas como el amor, el compañerismo, el compartir, la misericordia… Que algo acompañe a la historia de la humanidad no es una garantía ni de que sea bueno, ni de que sea malo, es un argumento vacío que no nos lleva a nada.

Luego entra en la afirmación central de su argumento “la desigualdad genera riqueza y crecimiento”. Esta afirmación es muy cuestionable. Solamente voy a nombrar el “Informe sobre desarrollo Mundial de 2006” publicado por el Banco Mundial o el libro “Por qué fracasan los países” de Acemoglu y Robinson en los que se puede observar cómo las desigualdades no solo no son positivas para las sociedades y para el crecimiento económico, sino que con frecuencia son negativas. Los estudios al respecto son tantos y tan variados, que en el breve espacio de este artículo no puedo resumirlos todos. En esencia, la mayoría de los estudios parecen abalar que las sociedades más igualitarias son las que tienen mayores éxitos económicos a largo plazo y que la igualdad en determinados aspectos es un valor en si mismo.

¿Por qué entonces realiza esta afirmación el periodista? Tal vez se descubre en su siguiente pregunta cuando, para intentar refrendar su argumento de que la desigualdad genera riqueza, dice “pero hombre, ¿Amancio Ortega como gana el dinero?” Es decir, la desigualdad es la base para que algunos se enriquezcan. En esto no le niego la razón al periodista que en este caso utiliza un argumento marxista para demostrar la mayor, el de la plusvalía. Para que algunos ganen mucho, los otros tienen que cederles una parte de lo que generan. La desigualdad es positiva para quienes están mejor.

Acto seguido habla de que “los excedentes económicos son los que hacen crecer a los países”. Esta afirmación también es cuestionable. Si bien es cierto que los ahorros bien invertidos pueden generar crecimiento económico, también es cierto que estos no tienen por qué ser solamente de unos pocos, pueden ser de muchos (sin la existencia de desigualdades), y también es verdad que los excedentes no solamente se invierten en actividades que generan riqueza, sino que con frecuencia se invierten en actividades especulativas que no la generan. Por lo tanto, a niveles iguales de excedentes, las tasas de crecimiento pueden ser diferentes si estos excedentes están o no concentrados en unos pocos y según la utilización que se haga de los mismos.

Por último, querría añadir una cuestión de fondo que subyace a todo esto. ¿Por qué nos interesa tanto el crecimiento económico y la riqueza si esta no acaba beneficiando a todos? Es decir, aunque la desigualdad generase riqueza, aunque esto fuese verdad ¿Para qué quiero tener más entre todos si aún así hay gente que no tiene lo suficiente para vivir? ¿Para que solo unos pocos se aprovechen de esta prosperidad? El crecimiento económico solamente tiene sentido si acaba beneficiando a los más desfavorecidos para que estos tengan al menos lo suficiente para vivir. Si esto no sucede, el crecimiento por el crecimiento deja de tener sentido.

Enrique Lluch Frechina. Profesor de economía de la Universidad CEU Cardenal Herrera

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