“No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros”

“No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros”

El exministro conservador francés, que acaba de visitar España, cree que se debe acabar con los excesos de esos “banqueros irresponsables que pensaron que tenían todos los derechos”

Michel Barnier, comisario de Mercado Interior y Servicios. / Francois Lenoir (Reuters)

El comisario europeo de Mercado Interior y Servicios, Michel Barnier (La Tronche, Francia, 1951), llegó al cargo en 2010 con el propósito de poner orden el mundo financiero y acabar con los excesos de esos “banqueros irresponsables que pensaron que tenían todos los derechos” y propiciaron la crisis. El exministro conservador francés acaba de visitar España para dar a conocer su labor, crear una legislación financiera en Europa que evite los abusos del pasado a través de 28 nuevas leyes.

Pregunta. El Parlamento Europeo ha aprobado su propuesta para crear un mecanismo de supervisión único para los bancos de la zona euro. Para usted es el “gran paso hacia la unión bancaria”. ¿Por qué es tan importante?

Respuesta. Entre los 18 países de la zona euro existe una mayor interdependencia, un mayor riesgo sistémico que en los demás países de la UE debido a la moneda única. También hay una relación más fuerte y peligrosa entre los bancos y la deuda soberana. Por ello, hemos decidido supervisar las entidades y gestionar las dificultades juntos. Para asegurar la estabilidad del sistema bancario, la primera parte es esta supervisión común que será llevada a cabo por el Banco Central Europeo. Y la segunda será el mecanismo de resolución único, que debe permitir a la UE liquidar de forma ordenada las entidades con problemas, para limitar los riesgos y conseguir que esta vez sean los bancos, y no los contribuyentes, los que paguen por sus errores.

P. Un grupo de países encabezados por Alemania han rechazado su propuesta para que la Comisión Europea sea la responsable, en última instancia, de decidir qué hacer con esos bancos en dificultades. ¿Esperaba ese rechazo?

R. Algunas modalidades de la propuesta sobre el mecanismo de resolución europeo plantean dudas. Por tanto, no me ha sorprendido el debate. Lo importante es que el sistema funcione. Yo propongo una autoridad de resolución europea; no trato de aumentar el poder de la Comisión. También es primordial que haya un fondo europeo de garantía financiado por los bancos europeos en ese mecanismo. En cuanto a la toma de decisión, es necesario que alguien lo haga, lo cual no ocurrió en las crisis pasadas, cuando solo se sentaron autoridades nacionales alrededor de la mesa.

P. ¿Cree que votaciones como esa, donde se siguió la voluntad de Alemania, pueden dar la idea de que un grupo de países siempre acaba imponiendo sus intereses a los del resto de la UE?

R. No hay que dramatizar este asunto. Tuvimos el mismo debate en 2012 cuando presenté la propuesta sobre el mecanismo de supervisión, y los ministros lograron un acuerdo. Los países no solo defienden sus intereses, sino también sus ideas, sus dudas. Quiero hallar soluciones que funcionen. Creo que se pueden encontrar compromisos con todos.

P. La Comisión acaba de presentar una propuesta para reforzar el control sobre el líbor y el euribor y castigar su manipulación. Renunció a su idea original de trasladar al ámbito comunitario la supervisión directa de estos índices, ¿será un problema?

R. Este es un asunto que afecta a la gente. En España hay 18 millones de contratos hipotecarios que dependen de estos índices. No hay derecho a hacer trampas como hicieron algunos banqueros. He aportado dos respuestas. Una represiva: se impondrán sanciones, incluidas sanciones penales, a quienes manipulen estos tipos. Y otra centrada en la supervisión de los organismos que los elaboran, que se hará con los nuevos criterios europeos. Por lo demás, el centro de gravedad del libor está en Londres, y el del euribor, en Bruselas. Así que no hay problema. Confío en los organismos de supervisión británicos y belgas.

P. ¿Cree que hoy podría haber una crisis como la del 2008?

R. Las regulaciones del sector financiero están entrando en vigor en estos momentos. El objetivo es volver a poner a los bancos al servicio de la economía real. Sabemos que siguen pagándose bonus insensatos, que se siguen vendiendo productos tóxicos, pero creo que la gente lleva más cuidado. Muchos actores de los mercados han anticipado estas leyes. Así que puede haber una crisis, pero no por los mismos motivos, sino porque siguen existiendo riesgos relacionados con determinadas burbujas. Dicho esto, todavía hay que trabajar en la consolidación de las entidades. He propuesto 28 leyes y gran parte de ellas siguen estando en trámite legislativo. Ahora hay que aplicarlas.

P. Da la impresión de que se ha avanzado en la regulación del sistema financiero, cuyos excesos detonaron la crisis. Sin embargo, parece que han dejado de lado sus consecuencias: el paro, un crecimiento anémico, etc. ¿Qué pueden hacer para luchar contra esto?

R. Las dificultades insoportables que viven tantas familias son consecuencia de varias crisis: una financiera que llegó de Estados Unidos y fue provocada por el comportamiento amoral y escandaloso de banqueros y la desregulación del sector; y una crisis de la deuda que fue culpa nuestra. Tratamos de solucionar todo esto, un poco entre la espada y la pared. La regulación está casi hecha, los países sobreendeudados como España, que amenazaban con lastrar a las generaciones futuras, han entendido que tenían que ajustar sus cuentas y gestionar mejor el dinero público. Ha llegado la hora de incidir en la educación, la investigación y la inversión. La prioridad ya es luchar por el empleo y el crecimiento. Pero la regulación era necesaria. No se puede pedir a las empresas que inviertan, ni crecer sobre bases arenosas. También se ha entendido mejor en Bruselas que hay que diferenciar los esfuerzos entre países, algo que llevo tiempo defendiendo. Hay que acabar con el fetichismo de los números, la austeridad no debe matar el crecimiento. Se deben preservar algunos gastos como los de educación e investigación.

P. Hablaba esta mañana de un motivo de preocupación para usted: la pérdida de influencia de Europa en el mundo. Según algunas estimaciones, de aquí a 2050, no habrá ningún país europeo en el G-8. ¿Cómo se puede remediar?

R. No se trata de tener influencia por placer. El mundo es multipolar, con países que no necesitan a nadie: China, Estados Unidos, Brasil, India, etc., porque son Estados-continentes. Ellos deciden del orden o del desorden de todos en el G-20 y en otros sitios. Debemos estar allí, y ningún país europeo puede estar allí por sí solo. Tiene que ser la UE. ¿Cómo se consigue estar allí? Gracias al mercado único, que es nuestra principal ventaja. Hay que mejorarlo mediante políticas comunes para la industria, el comercio, la competencia, la agricultura. Creo que llegó la hora para Europa de que haya menos reglamentación y más políticas.

P. Usted dijo: “No acepto que Europa sea una tierra que se conforma con consumir lo que se produce en EE UU y China”. ¿Dejar de lado a la industria ha empeorado la crisis en Europa?

R. Sí. Los países que han conservado su industria tienen menos deudas. Los países nórdicos, Alemania. Porque uno ahorra más cuando produce en vez de tener que comprar. No acepto la idea de que solo seamos una tierra de servicios. No puedo aceptar que dependamos de EE UU y China en las tecnologías claves: biotecnologías, nanotecnologías, energías renovables, etc. No se trata de defenderse con proteccionismo, sino con inversión, movilizando juntos los institutos de investigación, los créditos públicos o privados en los sectores estratégicos. Creo que el próximo desafío de la Comisión será la elaboración de una política industrial europea